El Feng Shui tiene como principal meta que se establezca una relación de equilibrio y mutuo beneficio entre la energía que nosotros emanamos y la que está presente en nuestro entorno. Dicho así, para quien acaba de iniciarse en este arte milenario alcanzar ese punto intermedio pudiera parecer algo muy laborioso o, por lo menos, lejano y complejo.
Nada más lejos de la realidad. Es el hombre, como centro del mundo, el que tiene la capacidad para gestionar y ponerse de acuerdo con las energías que le rodean. Por ese motivo, un primer consejo práctico que se da a aquellos que acaban de introducirse en este mundo es recordarles que “los pequeños cambios pueden propiciar resultados inmensos”.
¿Cuáles son esos pequeños gestos? Algo tan simple como bajar la tapa del inodoro después de usarlo o; por ejemplo, poner tapones en los sumideros de los grifos es suficiente para evitar fugas de energía de nuestro domicilio. En el fondo, es una llamada a la acción, a cambiar de forma gradual hasta alcanzar un espacio que sientas propio, más cercano.
Tal vez ahí radica una de las claves por las que resulta tan atractivo este movimiento: tú puedes crear tu entorno, lo puedes hacer sin prisa y, además, necesitas muy poco para hacerlo. Por ejemplo, un segundo consejo: “Eliminar los elementos llamativos dentro del hogar evitará la concentración de energía y facilitará su tránsito”.
Si lo pensamos detenidamente, parece más lógico que se pueda encontrar antes ese punto de equilibrio en un entorno que presente cierta uniformidad, orden y limpieza que en otro que no lo tenga o que sea todo lo contrario, ¿no? Pues con éstas ya tenemos dos claves básicas para entender la riqueza que nos propone este movimiento. ¿Seguimos?
Jesús Jiménez Juango
Periodista económico y colaborador de Plazaola Blog








